CONSTRUCCIÓN DE PAZ Y POSTCONFLICTO EN UNA COLOMBIA MULTIÉTNICA, PLURICULTURAL Y MEGA DIVERSA

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Oscar Emilio Angel Sanchez

Profesional en Relaciones Internacionales, Magister en Ciencias Políticas, actualmente Fotógrafo Profesional.

Region: 
Bogotá D.C.
Mié, 06/04/2016 - 09:26



Como pueblo y nación en construcción los colombianos estamos en un momento histórico inimaginable, decisivo e imperioso para decidir que nación y sociedad queremos hoy y  heredarle las generaciones venideras.



Los colombianos nacidos en y después de la década de los años 50 del siglo pasado hemos crecido, vivido, reproducido y muerto bajo la violencia política que a la generación del siglo XXI no le importa el por qué, quien, cuando, como y para qué. Lo que si todos sin excepción queremos es terminar esta vorágine de sangre, llanto, vidas truncadas y mutiladas, sueños concluidos a bala, palos de ciego, encuentros y desencuentros, promesas y pactos incumplidos, un estado guerrerista versus un abandono estatal en lo social y económico; hay que aclarar que nos referimos a las personas, a los seres humanos. No a los representantes institucionales, a los investidos por alguna representatividad ideológica, partidista, de gremios, grupos, etc., que ahí sí pueden existir intereses contrarios al sentir del pueblo que algunos de ellos dicen representar.



Por respeto y dignidad con los SUPERVIVIENTES, prefiero utilizar esta categoría por la resiliencia, por la capacidad de construir a partir de las cenizas, por la autoestima y valor de sobreponerse a lo ocurrido; más que al de víctimas, con las cargas emocionales, sentimentales, mercantiles, marketing y hasta peyorativas que tiene actualmente. Dejemos de referirnos a ellos como una cifra o estadística en términos de morbi mortalidad que las políticas públicas del momento tienen que atender y bajar. Somos hijas e hijos de este pedazo de continente americano, con rasgos faciales, con gustos, con sueños, esperanzas y añoranzas por una Colombia por, para  y en paz. Habitemos aquí o en el exterior.



La construcción de la paz y el postconflicto en una Colombia multiétnica, pluricultural y mega diversa nos corresponde absolutamente a todos y cada uno de nosotros, es nuestro deber y responsabilidad como pueblo definir qué nación queremos hacer y ser. Y eso solo lo sabemos nosotros. Somos nosotros los que debemos exigirle a nuestros electos representantes e instituciones que canalicen y ejecuten nuestro mandato: Una Colombia en Paz. En términos de violencia política. Porque las otras violencia  sociales, étnicas, religiosas y económicas son materias para ser abordadas en otros escenarios. Aunque cabe comentar que la violencia política ha permeado, influenciado y en algunos casos incentivado estás otras formas de violencia.



Por qué no empezamos por desarmar el lenguaje, los puristas del idioma, los juristas, los politólogos, los violentólogos, los analistas, los representantes institucionales, los contradictores, los opositores, los otros y no otros, los que le disputan el monopolio de las armas al estado, todos tienen una categoría, un porque, una razón, una ideología valida, única en algunos casos probada; para sentar e imponer como verdad lo suyo, para marcar diferencia, discriminar, acartonar y rigidizar el dialogo, cada quien desde orillas infranqueables e imposibles de acercar. Mientras en la mitad, no importa de qué orilla den la orden, colombianas y colombianos mueren, sangran, son mutilados, lloran, hay viudas, huérfanos, desterrados, desplazados, pobres cada vez más pobres, tierras improductivas, desarraigados, tejidos familiares y sociales rotos y fracturados. No hay mejores o peores, o bien o mal muertos. Hay muertas y muertos, hijas e hijos de la misma madre: Colombia.



La muerte provocada por las balas que sean, producida por las órdenes de quien sea, en la selva, las montañas, ciudades, pueblos o veredas; tiene el mismo resultado, dolor, rabia, impotencia, desintegración y fractura familiar, odio, sed de venganza, pérdida de vidas laboralmente activas. Creo que llego la hora de entender que la muerte no se contrarresta con muerte. Sino, que hemos conseguido en estos últimos años de historia violenta y sangrienta del país.



En lo que se acuerde, firme, se implemente, en la institucionalidad creada para este fin, en las conversaciones políticas, es decir, en todo, repito en todo, todos los colombianos de la etnia, grupo poblacional, región del país que habiten, provengan o representen tienen que sentirse, ver y actuar; estar representados con voz y voto. Esta no puede ser una paz de unos pocos para unos pocos. Es todos y para todos. El reto es reconocer y valorar nuestra diversidad étnica y cultura aquí y ahora. Y por supuesto, respetar nuestra biodiversidad y a partir de ella construir nuestro desarrollo.



No solo nos tenemos que recomponer y sanar como pueblo sino como familias e individuos.



El tiempo para la consecución  de la paz en Colombia no es la duración del acto protocolario de firma de algún documento, de un periodo presidencial, de los tiempos pactados de implementación y consolidación. Estamos frente a un reto que puede durar con vaivenes propios entre 15 y 25 años para que podamos proclamar una  Colombia en paz. Tenemos que ser realistas que este camino se transita a pasos lentos, muchas veces como el caracol. Así es. Los pasos hacia la violencia los dimos agigantados y veloces, los de la paz, no.

 

Oscar Emilio Angel Sanchez

Comentarios

Excelente comentario hojala todos los colombianos entendieran lo importante que es la paz y mas para los q nacimos en guerra una guerra que se incrustó en algunos mas q en otros y no quieren desprenderce

Somos parte de una historia y un futuro.

<p>Añadale al tema la deuda que se tiene&nbsp;con el campo...&nbsp;el reconocimiento del goce efectivo de los derechos de sus pobladores, abandonados&nbsp;por los gobiernos de turno&nbsp;y por un Estado indolente.&nbsp;</p>

<p>Con hechos, mas que con palabras, se va construyendo&nbsp;"Una Paz duradera..."&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>

Nuestro pueblo, gobernantes, asambleas, concejos distritales y municipales, -y quien da el concepto- quienes tienen -tengo- el deber de iniciar una reconciliación sin errores ni rencores, como tampoco compromisos que no se puedan alcanzar. Es mejor ir caminando y cayendo para levantarse que, morir en el intento, por lo tanto a todos nos corresponde como derecho moral y de humanidad como de identidad apoyar al débil, quien es en un porcentaje mayor quien merece este proceso y quien espera ansioso la refundamentación de su cultura étnica, pastoril y de empresa si es posible, con los nuevos cambios al sector rural.

<p>Es muy importante&nbsp;desarmar el lenguaje, las actitudes hacia los demás y actuar respetando la diferencia; construir sobre la diferencia y pensar siempre que todos tenemos derechos y deberes; el escrito es realmente&nbsp;nuy bueno y se acerca mucho al que hacer&nbsp;con respecto a la paz en Colombia como un encuentro colectivo&nbsp;urgente e inaplazable.</p>

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