¿Cómo reconstruir el tejido social después del conflicto armado en Colombia?

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Hernando Cáceres

Hernando Cáceres Dueñas. Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Tiene una maestría en reconstrucción de Estados en Posconflicto de la Université Aix-Marseille, en Francia, y otra en Derechos humanos de la misma universidad. 

Region: 
Bogotá D.C.
Vie, 16/10/2015 - 20:20

Deshacer lo que nos hicimos en tantos años de guerra, es un proceso de largo aliento. Así, es impensable creer que tras la firma del acuerdo de paz los guerrilleros que causaron tanto daño estén tomando té y galletitas con sus víctimas. Esto toma años, y tal vez generaciones.  Nadie está obligado a volverse amigo de sus victimarios. Pero si estamos en la obligación moral e intergeneracional  de renunciar a no matarnos y a no odiarnos más. Punto. Si logramos esto, podemos coexistir en tranquilidad y seguridad, y habremos salvado al país. Pero esto lo decidimos usted y yo, y no los negociadores en La Habana.

Esta renuncia a la venganza y al odio es lo mínimo que se espera de todo ciudadano. Y en algunos casos puede ser algo difícil, pues hay mucho dolor e injusticias acumuladas. 

En pocas palabras, los acuerdos de paz, son solo el comienzo de la construcción de la paz. El resto de pasos dependen mucho de usted y de mí, de los ciudadanos de a pie. Es difícil. Sin embargo, Colombia tiene una ventaja y es que en el país llevamos 60 años en guerra y al mismo tiempo unos 25 de construcción de paz. La sociedad civil colombiana, especialmente la más afectada por el conflicto,  aunque puede  estar ampliamente desinformada sobre el proceso de paz y  sus alcances, tiene gran madurez en acciones de construcción de paz, de “noviolencia” y de reconciliación. Esto significa que en Colombia llevamos unos grandes puntos ganados en el proceso de reconstrucción del tejido social.

Ahora bien, la forma de preparar a la población es involucrándola directamente en la reconstrucción del país, y esto se hace como primer paso con la “pedagogía de la reconciliación”, lo cual es una tarea titánica. Lastimosamente, he escuchado a muchas personas de diferentes regiones, con diferentes oficios y profesiones, y de diferentes edades decir que jamás darían un trabajo o que jamás perdonarían lo que hizo un desmovilizado de las AUC, de las FARC o del ELN. Esta realidad hace que los desmovilizados se conviertan poco a poco en personas excluidas. Pocos quieren tenerlos de vecinos, de colegas, de compañeros de estudio, o de amantes. Sin embargo, las consecuencias prácticas del rechazo sistematizado hacia el desmovilizado generan que las oportunidades de convertirse en ciudadanos de bien se les vean cerradas.  En un país como Colombia esto sería equivalente a abrirles la puerta de la reincidencia en la criminalidad, es decir sería un “autogol”, una realidad que viven países como Congo o Sudan donde a pesar de varios acuerdos de paz, los conflictos  resurgieron en parte, por el rechazo, venganzas y odio.

Llevamos décadas en guerra y como sociedad hemos intentado casi todo para ponerle fin. Es momento de darle una gran oportunidad a la paz, a la reconciliación, a la reconstrucción del país, pues el viento sopla a favor del proceso. Como colombianos y como sociedad podemos dejar pasar esta oportunidad si es que lo pactado en La Habana no nos convence del todo. Sin embargo una nueva ventana de oportunidad no llegará en al menos diez o quince años, tiempo en el cual la violencia habrá acabado con miles de vidas, empresas y sueños. Usted y yo decidimos. 

Hernando Cáceres

Comentarios

Esta no es la paz verdadera. Ellos y el gobierno tienen acuerdos muy lastimosos para la sociedad. La verdad es que no llegarán más empleos, mucho menos más sueldos y una calidad de vida. La paz estará y ha estado en los corazones de los que trabajamos día a día, luchando, construyendo y amando al prójimo. Lo demás es solo cuento para el circo que tenemos.

Es un articulo interesante, que da a los ciudadanos la responsabilidad de participar activamente en la reconstrucción del tejido social. El tema de la exclusión y la discriminación de excombatientes es mucho más complejo, sin embargo, en Colombia ya existen diversas experiencias de reintegración gracias a los procesos de paz desde los años 90 en donde la tasa de reincidencia no ha superado el 20%. Si bien aun estas barreras existen, creo que la misma sociedad civil ha venido entendiendo sobre la importancia de romper los estereotipos y ayudarlos en el retorno a sus comunidades

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